El trueque que
lo empezó todo.
Las carreras rara vez empiezan con un plan. Esta empezó con un intercambio entre dos muchachos: una patineta entregada, una máquina de tatuar recibida. En sus palabras: “Yo le di mi patineta y él me dio su máquina de tatuar. Cambié el skate por el tatuaje”.
Lo que siguió no fue un curso ni un aprendizaje con temario. Fue aprendizaje empírico (dibujar, tatuar, observar, fallar, repetir) en una época en la que, como él dice, “no existían los recursos ni el conocimiento disponibles hoy”.
Ese comienzo todavía define la obra: un oficio aprendido a mano conserva su respeto por los fundamentos. Primero las líneas. Atajos, nunca.
Fuente: la biografía publicada del artista.
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